Lo
llaman “río de vida” pero yo sólo lo busco cuando estoy muerta. Lo vi nacer,
crecer y morir en el mar. Lo he observado desde puentes y caminos, desde puntos
y perspectivas diferentes. Ejerce en mí un gran magnetismo. Me llama, me
escucha, me mima y sigue siendo mi confidente. Al fin y al cabo soy una gota de
agua más y me uniré a la marea.